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Ilustración: Forges

Hace unos 8 años, me encontraba sentada en una sala de conferencias escuchando juntas, por primera vez en mi vida, dos palabras que son inicialmente consideradas antagónicas: “Banca” y “Ética”. Sonaba raro, pero aprendí que el agua y el aceite, de alguna forma, se pueden mezclar para dar lugar a un modelo de negocio rentable económicamente, y a la vez con valor intrínseco.

Tal y como hice referencia en el post de Emprendedores Sociales, las empresas sociales están ganando terreno en el ámbito de la economía, y el sistema financiero no es la excepción a esta nueva regla, porque si tus valores van en una dirección ¿por qué debería ir tu dinero en la contraria?

Este movimiento, conocido como Banca Ética, Finanzas Éticas, Banca Social o Banca Alternativa, empieza a fraguarse en los años 80.
Quizás a nivel mundial el exponente más mediático sea el controvertido Nobel de la Paz Muhammad Yunus y su “Grammen Bank”, que concede microcréditos a pequeñas iniciativas de la India.

El modelo se replicó posteriormente en las economías más desarrolladas, aunque en España habría que esperar hasta unas décadas después para la implantación de dichas iniciativas, que generalmente se constituyen como cooperativas de crédito. Fiare, Coop 47 u Oikocredit, Triodos Bank, entre muchas otras, son ejemplos de entidades consolidadas en España.

Según datos extraídos del Barómetro de las Finanzas éticas y solidarias, desde el 2008 estas peculiares entidades no han dejado de aumentar anualmente el porcentaje de ahorros y de préstamos concedidos, así como el número de clientes que, en progresión exponencial, ya se sitúa por encima de los 210.000.

Veamos cómo funcionan estas entidades…

Como cualquier entidad de crédito, canalizan los ahorros de una parte de la población hacia aquella otra con déficit financiero. Captan recursos (ahorro de los clientes depositados en cuentas corrientes, de ahorro, depósitos…) que transforman en instrumentos de financiación, concediendo préstamos, créditos e incluso hipotecas que deben ser devueltas a un tipo de interés fijado. Por supuesto, se puede disponer de tarjeta de débito y crédito, realizar transferencias y todos aquellos servicios habituales en esta tipología de entidades.

Entonces, ¿por qué el distintivo de “ética”, “social” o “alternativa”?
La clave está en la selección de los proyectos financiables. Al contrario que la banca tradicional, estos se valoran en base a criterios positivos, seleccionando los que además de ser viables, aporten un valor social añadido, y excluyendo expresamente sectores como la industria peletera, la energía nuclear o procesos como la experimentación con animales.

Otra de sus peculiaridades es el desmarque de la tradicional y rentable inversión y financiación de la industria armamentística. Los bancos “de toda la vida” invirtieron entre 2011 y 2016 más de 1000 millones en empresas de armamento, y concedieron créditos por valor de más de 4000 millones en este mismo periodo a este sector, al que las guerras y conflictos alimentan.

¿Podría mi proyecto conseguir financiación por esta vía?

Generalmente, es el camino alternativo para aquellas iniciativas que encuentran mayores dificultades para conseguir recursos por la vía convencional. Los productos y servicios de carácter social, educativo, cultural, medioambiental, de turismo sostenible, de comercio justo y consumo responsable son los máximos beneficiarios. Por tanto, el foco se dirige a la economía real y local, descartando proyectos y modelos de empresas especulativos.

Pueden encontrarse proyectos financiados con este sistema por toda la geografía española. Como pequeña muestra, Akassa, idea emprendedora que cumpliendo los requisitos exigidos para ser financiable, se convirtió en un negocio rentable y sostenible, ofreciendo chozos bioclimáticos integrados en el paraje natural de Las Hurdes (Extremadura).

Ya existen cajas de ahorro y cooperativas de crédito con un carácter social más marcado, pero no son una banca ética exactamente. Las cajas de ahorro se diferencian de los bancos en su personalidad jurídica, constituyéndose generalmente como fundaciones. Es cierto que tienen un compromiso social adquirido, pero en formato de “donativo”, no difiriendo en su operativa actual del resto de instituciones financieras.

Desde la perspectiva de depositario de ahorros, puedes llegar a dudar de si estos están o no seguros…

Dos de las entidades que operan en España, Triodos Bank y Fiare Banca Ética, están adheridas al Fondo de Garantía de Depósitos que, como cualquier entidad de crédito tradicional, garantiza nuestros ahorros hasta un límite de 100.000 de euros por depósito. Sin embargo, los datos se inclinan favor de la banca alternativa, con un ratio de endeudamiento inferior al del conjunto de banca tradicional. En este mismo año la tasa de morosidad se situaba en el 7,04%, significativamente inferior a la del sistema financiero tradicional, que rondaba el 10%.
Y, ¿Por qué ahora? ¿Por qué surge esta alternativa a la banca tradicional?

La respuesta podría encontrarse en la propia ciudadanía, decepcionada con un modelo financiero especulativo y moralmente reprochable.
Como cualquier nuevo modelo de negocio que se implanta en el mercado, nace de la detección de una necesidad. En este caso, era de esperar que una opción de este calado resultase atractiva a los más críticos con el sistema, que además de desear rentabilidad y seguridad, quieren un uso ético de su dinero, ya que de forma indirecta, cada cliente de estas entidades se constituye como un agente de intervención social.

Son pocas las personas que siguen guardando sus ahorros debajo del colchón, lo que convierte a las entidades bancarias en imprescindibles en un sistema como el actual. Pero si te cuestionas y te interesa el destino de tus ahorros, quizás esta sea tu alternativa.

A mí ya me han conquistado, ¿y a vosotros?

Mª Cruz García. EXPERTA EN MARKETING E INVESTIGACIÓN DE MERCADOS