Cómo decir esto sin darme asco,
sin llamarme cobarde desde mi cobardía,
sin ahorcar mi sangre a cada letra sudada,

sin reírme de mis sueños de plañidera.

Cómo decir esto sin ser la vergüenza
de llorar mis cansancios elegidos,
mis elecciones erróneas,
mis aciertos no buscados,
mis buscadas huérfanas,
mis tesoros olvidados.

Quiero morir…
¿Me oye alguien?
¡Quiero morir!

No resurgir,
no resucitar,
no ser alma por una vez…
Reencarnarme en un sueño infinito de lucesombras,
de huecos hondos, de charcos quietos,
de sorderas de paz.

Nadatodo me consuela, nadatodo me destruye.
En la nada me crezco, en el todo me diluyo,
en el nadatodo me acurruco, me aíslo,
me crezco, me conozco,
me sucumbo…

Es una especie ya extinta de escorpión rosa como la pantera, la flor y mi ojete,
que engulle mis ideas, mis sentires,
mis espíritus, con el agijón de su boca
desde mis abismos.

Cada día me vacío, cada día me recargo,
y en mis cargas soy liviano, ligero, humo.
Soy aire.

Estoy incómodamente cómodo en cualquier lugar,
en cualquier lugar estoy cómodamente fuera de sitio.

Mi sitio es la nada, mi sitio lo es todo,
no me fío de mí, no confío en mí,
mi confianza es mi lastre.
Mi lastre mi duda, mi duda…
mi redención de mujer bendita.

Mi yo es mi cadena, mi sustento,
mi bautismo, mi entierro,
mi amuleto, mi descrédito,
mi caminar, mi tropiezo,
mi veneno, mi vacuna,
mi remedio, mi quebranto
mis cuernos, mi cornalón,
mi droga dura, mi vino “sin”
de pordiosero.
El bueno, el feo y el malo en el mismo esqueleto.
No valgo para quererme.
En mis odios me amo…

En mis conductas me ardo,
en mis quemaduras soy cicatriz,
en mis cicatrices secas sangro
palabras de niño escuálido.

Mis dudas me hacen fuertedébil,
mi sangre condiciona mi vida,
mi vida es mi sangre, mi condición,
mi pecho sin labios…

Escribo esto con un arpón floreciendo de mi esternón de dentro a fuera, de fuera a dentro,
follándose mi pecho.

Quiero ya. Quiero ya. Necesito ya. ¡Exijo ya! ¡Suplico ya! Mi féretro.

Un féretro con paredes de besos,
escupitajos, latigazos, de caricias, de te quieros olvidados,
de te odios pero yo me lo he buscado,
de cadenas, lodos, tiritonas, orgasmos.
Corridas de tarado,
borracheras de perro lastimero arrastrado.

De poemas a una mujer sin contorno,
sin sangre, sin piel,
sin huesos, sin vicios confesos.
Sin rostro, sin olor, sin tacto,
solo con voces tapadas de engaño.

Voz con sabor a lejanía, a distancia con sollozos
lágrimas marcadas fuertes en mi montaña,
con sabor amargo a recuerdos no recordados,
de besos, otra vez, que nunca llegaron.
Quiero ya mi féretro…

Que alguien recite un salmo, por favor.
A ser posible un enemigo,
para que alguien sonría sabiendo mientras me hundo para ser pasto de mis hermanos los gusanos, que ya me callo.

Podría decir adiós, podría…
Pero no lo haré.
Haré lo que mis padres me enseñaron,
estar callado cuando hablan los mayores,
que son muy sabios.
¿Los mayores son muy sabios?
¿Los mayores son muy sabios?
¿Los niños entonces qué son?
¿Qué son los niños?
¿Me responde alguien?
¡¿Me responde alguien?!

Los niños son dioses de arcilla,
templos no profanados,
agua sudada de pura agua,
la última gota de la primera lluvia,
la primera de la última,
la cuneta dorada de una sonrisa larga,
me alegra oír eso…

Mis mayores enemigos son sabios,
mis mayores sabios son enemigos,
los tengo a todos guardados en las alforjas de mis cojones, lo escupo a diario cuando me pajeo, me toco, me hurgo,
pensando en algo guarro.

Voy a ponerme a cuatro patas.
Si…
Empezaré a rebuznar de agudo a grave,
de grave a agudo,
en una escala de rebuznos, in crescendo,
hasta que Platero sea yo, y yo Platero.
Si tengo suerte se me acercará un asno con barba blanca y bastón quebrado, renqueando, entre paso y pasodoble, para explicarme que está pasando.
No lo entenderé…

No quiero entenderlo.
No deseo comprender las tormentas de mi sueño.
Lo que quiero es sentir un poco menos.
Dejar de sentir… si me lo permiten sus señorías.

Ya no estoy a cuatro patas, no…
Ahora estoy tumbado boca abajo.
Como los chupitos de tequila que quemaron mi hígado dándome luz en mi oscuridad,
en mis letargos,
en mis fantasmas de la ópera mudos…
por tener un catarro.
Estoy boca abajo… Sí, estoy boca abajo.

Diez cadáveres de hombres que fracasaron por no llegar muy alto, por no hacer lo que dice la Biblia, la tradición,
las pautas, la historia,
el sentido común, el guión,
me hacen de colchón de esparto espartano.

Diez almas de mujeres libres, libres…
Son mis sábanas que andan revoloteando
sobre mi espalda desnuda,
jugando a la paz sea contigo hermano, haciéndome cosquillas en la punta del nabo.

Me quiero sonreír,
pero al hacerlo me sorprendo,
me duelo…
Me han arrancado los labios. Sí…
¡Me han arrancado los labios!
¡El de arriba y el de abajo!
¡El de abajo y el de arriba!
Mis dientes son mi burladero,
mi telón de sarro sarraceno.
Me han arrancado mi arma de destrucción masiva: mi palabra…

-¿Pero que coño está pasando?
¿Cuándo?¿Cuándo?¿Cuándo?
¿Cuándo perdí mis labios?-

Contesta sonriendo uno de estos señor que son muy sabios, muy elegantes, muy listos
y muy preparados y que controlan las reglas legales de este juego macabro:

-Los perdiste al mismo tiempo que tu libertad, al mismo tiempo que tu libertad,
asno entre los asnos,
rey majadero de majadero de majaderos adoctrinados.
Claquetea, susurra, confiesa,
llora ahora hablando solo con tus dientes al sol temblando sin labios…
Ya es tarde, payaso. Grito.
Sí. Grito.

Grito como un sordomudo al que le acaban de amputar un brazo y tres legañas colgando del sobaco, no del suyo, del de su hermano,
que somos todos, que estaba al calor helado durmiendo un rato corto, pero largo…

Las diez almas de mujeres ya no revolotean,
se están comiendo los cadáveres que me sujetaban desde abajo.
El hambre nos hace sangre, raza única,
mentes no pensantes,
el hambre encadena nuestras almas
a una verdad que nos hermana.
Instinto. Instinto. Instinto.

Buen provecho mis amadas almas,
solo es cuestión de nada de tiempo que me precipite en viaje largo.
Solo queda un cadáver, que sujeta mi desnudez,
en nada seré un descalabro y ya no podré rebuznar…
Algo ocurre, algo ocurre, extraño…

El último cadáver está hablando…
¡Está hablando!
Una de las almas ya no revolotea,
está quieta supurando ojos llorosos de sus propios ojos mirando al cadáver que le está hablando.
Le está hablando con mis labios…
¡Le está hablando con mis labios!
¡El hijo de puta tiene mis labios!
Mis labios en otro cuerpo, que soy yo, rebuznando, dicen:

-Gasté todo mi tiempo mientras te estaba esperando.
Solo mis labios son míos,
el resto del cuerpo, el tuyo sin labios,
por no tenerte…
Por no tenerte- digo.
-Lo empeñé en la casa de empeños del diablo-.