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Fotografía: Pelayo Zurron

Acudimos al estreno del nuevo acto íntimo de Santi Senso, “Casta, peste y eternidad. Una apología del amor“, el pasado cuatro de mayo. Fue en el Teatro del Arte, un sitio efectivamente íntimo del barrio de Lavapiés, en Madrid. La sala es diáfana, muy agradecida de dimensiones, pues restan público pero ganan espacio escénico; con buena acústica; negra; bien iluminada cuando se ilumina bien (perdonen la obviedad) y, sin más lujos en el detalle, con asientos cómodos a los que no había llegado cuando veía a Fede Pouso repartiendo fotos y a Santi Senso desnudo jugando con un tren.

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Fotografía: Pelayo Zurron

Hasta ahí todo normal. Es un acto íntimo, tiene sentido la desnudez como muestra de naturalidad, está hecha incluso con buen gusto (muchas veces se hacen desnudos escénicos por ser lo más provocativo del lugar, siendo burdo y lo que es peor, perdiendo todo el sentido artístico). A partir de ahí, la obra de Senso se deconstruye con la intención de provocar una reacción que desinhiba al público de vergüenzas amorosas, entendiendo amor no desde el romanticismo, sino desde el amor a los demás e incluso a uno mismo; haciendo especial énfasis en qué querríamos que (en una supuesta reencarnación) no heredase la persona que acogiera nuestra alma dentro de su cuerpo.
En esa intención provocadora, Senso deja el guión aparte y hace que los actores fluyan en una especie de improvisación en la que no habla el actor ni la actriz sino el alma de cada cual para, de esa forma, expresar lo que se siente de mejor forma. “Dramaturgia viva”, dice el protagonista al final de la obra, cuando reúne al público en círculo para acercar a este a lo que acaba de ver.

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Fotografía: Pelayo Zurron

Podríamos hacer un ensayo sobre el posmodernismo, pero no será hoy; mejor será decir que se agradece el riesgo y la libertad con la que Senso ejerce la dramaturgia. Hay que tener agallas para salir a expresarse de una forma tan radical y sincera, eso es innegable. No obstante, en esa apuesta se deja al público con dos opciones: La primera es entrar a la perfomance de lleno y acoger el sentir y el hecho de que la expresión artística no va a ser algo ordenado. Por contra, la segunda opción es no comprender del todo lo que quiere hacer Senso, no entrar en el juego de su expresión y quedarte fuera del sentimiento que intenta provocar.

 

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Por @FernanCamacho. COLUMNISTA Y CRÍTICO EN @AndaluciaalDia