Ojalá estéis teniendo tiempo para reflexionar sobre la fugacidad y la relatividad. Con fugacidad no me refiero a la de las estrellas, ni con relatividad a la teoría de Einstein, me refiero al hecho de ser conscientes de que hoy estamos —y están aquellos y aquellas que nos importan— y mañana no, hablo de que quizá lo que antes nos parecía un mundo, hoy es insignificante y empezamos a valorar más otras cosas esenciales que se colocan por encima de lo superficial, y no en espacio, sino en prioridad. Cómo ha cambiado todo desde que el pequeño malhechor llegó a nosotros… Mientras escribo estas líneas escucho el Tema Italiano nº 2 de Morricone y me imagino al coronavirus como un capo de la mafia siciliana acercándose a nosotros dando pequeños saltos, con un sombrero de vaquero, su pistola enfundada y un cinturón de balas, en mitad de una escena del lejano oeste. Perdonad el inciso. 

Hablemos de manera más específica de los dos aspectos que citaba anteriormente: fugacidad y relatividad.

Cada uno de nosotros tiene una escala de valores, que puede ir modificándose con el tiempo, y es curioso que cuando le pides a alguien que haga su escala y comenzamos a trabajar de forma práctica con ella, percibes, y así se lo haces saber a la persona, que no se corresponde con su escala real, sino con la ideal, es decir, no es la que ponen en práctica en su día a día, sino la que les gustaría poner. Y con ambas escalas en conflicto ¿quién puede estar bien? Es difícil tratar un conflicto de valores. Imaginaos por un momento -iba a deciros que cerraseis los ojos, pero si los cerráis no podéis leerme, así que dejadlos abiertos- el valor más importante en la vida para vosotros. Me dirijo a ti. Imagina que fuese la LIBERTAD. ¿La estás poniendo en práctica? ¿o por el contrario tienes una familia o pareja controladora, un trabajo que te absorbe, estás en medio de una pandemia que te impide moverte libremente? Curioso, ¿no? (entiéndase que hablo de una libertad relativa, porque nunca, nadie, será libre del todo, si acata los códigos sociales, morales o legales que supone vivir en sociedad de forma cívica).

Con todo lo acontecido respecto a la COVID-19 parece ser que ha habido cierta reestructuración en nuestros valores y comenzamos a dar prioridad a SALUD y FAMILIA. Bien, bastante coherente. Hemos necesitado una crisis sanitaria, miles de fallecimientos y de personas enfermas para tomar conciencia de cuáles son algunos de los pilares más importantes que tenemos, y no todo el mundo ha llegado a esa conclusión, a los datos en rebrotes me remito. Se resume en dar valor a algo o alguien cuando sucede la pérdida o la sentimos inminente, es decir, nada nuevo. Mi duda es cuánto tiempo mantendremos este nivel de concienciación y cuánto tardaremos en volver a dar importancia a opiniones que no son importantes, a discutir por tonterías, a estresarnos porque no encontramos las llaves o a sufrir porque no nos prestan la atención que queremos. Espero que mucho, intuyo que poco. 

Cuánto sufrimiento para dos días que estamos aquí (fugacidad),  a veces por nimiedades, o situaciones que nosotros mismos podríamos cambiar. Y no es cuestión de evitar el sufrimiento, que es innato y necesario en bajas dosis, es tratar de evitar sufrir por aquello que en realidad no debería tener tanta trascendencia (relatividad); ya se encargará la vida de darte motivos que no estarán en tu mano controlar. Esta es una reflexión que tiene uno de los personajes de mi novela, Lo que el tiempo no cura, en conversación con otro, que os diré —pero esto que quede entre nosotros—, no es más que un diálogo que he tenido conmigo misma cientos de veces, después de vivir un suceso traumático. 

Ayer escuchaba una entrevista a Juan Echanove en directo donde decía que uno de los motivos por los que le gusta cocinar es porque es de las pocas cosas que nos une. El fútbol, la religión, la política… nos enfrenta. Cierto es que mientras le escuchaba, pensaba “nos une hasta que hablamos de fútbol, religión o política mientras comemos”; esto es un pequeño detalle, en esencia estoy de acuerdo con su reflexión. Buscamos conflicto en demasiadas cosas, no aceptamos pensamientos diferentes a los nuestros, queremos imponer nuestra verdad a toda costa y tener razón, eso por encima de todo. Qué esconderá el “te lo dije”, que tanta satisfacción da al emisor… Hay muchas herramientas que podría unirnos y que usamos para declararnos la guerra, y es que creo, perdonad mi humilde opinión, que hay personas con mucho tiempo libre y pocas inquietudes.

Ana Casado. PSICÓLOGA.
https://twitter.com/anapsicopoet